Mayo es un mes de una belleza que arrebata, el manto de la virgen fértil que es la Naturaleza se tiende con una sensualidad de colores, olores, de formas, de sonidos que permiten al que se detiene a contemplar escalar por un amor que se sublima, de un Eros a un Ágape. La Verdad se refleja en la Belleza. La Belleza expresa la Verdad.
Poder contemplar ese Tesoro escondido tras cada fenómeno interno y externo es una conquista que empieza por recuperar y estabilizar un aspecto de nuestro ser que en estos tiempos ha sido secuestrado por las aplicaciones de los dispositivos tecnológicos: La Atención.
La dificultad de ejercer conscientemente nuestra capacidad de atención es un auténtico drama de consecuencias inimaginables, desde la ligereza de los vínculos, pues como decía Simone Weil, la atención es “la más rara y pura forma de generosidad”.
A la posibilidad de habitar la trascendencia, que se hace cada vez más remota, pues “Los valores auténticos y puros de lo verdadero, lo bello y lo bueno en la actividad de un ser humano se originan a partir de un único y mismo acto, por una determinada aplicación de la plenitud de la atención al objeto.”
Esta capacidad es uno de los ocho elementos del Camino Óctuple del Budismo, el cual tiene una maestría en cómo cultivarlo. El Gran Cirujano de la Mente, un arquetipo que también habita en el cristianismo, diseñó una serie de métodos hábiles para sanar el sufrimiento asociado a una falsa identidad egocéntrica que reacciona en vez de responder a la vida con sus mejores virtudes.
La propuesta es cultivar la Atención Plena, conocida en Occidente como Mindfulness recuperando su etimología sánscrita: smriti que es la remembranza del Sí mismo y de la enseñanza que te lo recuerda.
Fecundaremos la cartografía budista de las mejores metáforas de todas las Tradiciones Sapienciales, desde la perspectiva de la Sophia Perennis, para inspirarnos a cultivar el Jardín del Alma.
Empezaremos con una práctica de yoga, seguida de una primera meditación, que nos permita soltar tantas tensiones que llevamos escritas en el cuerpo y que el sistema nervioso se pueda regular y que la mente, si Dios quiere, se aquiete.
En las sucesivas meditaciones la atención irá profundizando en estabilidad y claridad, lo que nos permitirá tener una percepción más nítida de los obstáculos que nos impiden acceder a espacios de silencio donde las cosas que nos preocupan se disuelven ante una mayor comprensión de lo que está en juego.
Intercalaremos meditación, yoga, paseos meditativos, descanso, contemplación de la naturaleza y pequeños plenarios donde romperemos el silencio para permitir la pregunta, pero sin dispersar ese magma de atención que el silencio procura.
La comida vegetariana y ecológica de la Hospedería facilitará la práctica.